Grecia y Roma, a 40 kms de Emet


Nueve de la mañana. Las ocho allí. Hoy vamos de excursión a Kutahya, la capital de la región (276.000 habitantes), a unos 100 kms, pero antes nos detendremos en unas ruinas. Somos un pequeño grupo constituido por nueve alumnos: siete chicas (Sevgi, Kubra, Zeynep, Melike, Busra, otra Melike y Sevval), dos chicos (Ismail y Yusuf) y tres profesores Ozge (vicedirectora y profe de Inglés), Mehmet, que también es de Inglés, y yo. Los chicos me irán explicando, en inglés, los aspectos fundamentales de lo que nos vayamos encontrando. 


El Aizonai Antik Kentik es un complejo arqueológico impresionante. Alberga uno de los templos griegos mejor preservados de la Antigüedad. Estaba dedicado a Zeus, aunque después los romanos lo adaptaron a sus ritos. Contiene un mausoleo donde reposan las tumbas de los gladiadores que perecieron en el stadium anexo (por algún sitio andarán los restos de los leones), y se leen muchas inscripciones griegas, que en otros tiempos yo hubiera sido de capaz de traducir. Molesta el hedor producido por las palomas. Tras el stadium me sobrecoge lo que ha quedado, que no es poco, pese a los terremotos, tan frecuentes en Turquía, del teatro. 


Antes de que llegaran los otomanos desde Asia, que son los actuales turcos, los romanos ocuparon la zona en el siglo II. a. C. 

Kutahya, capital del gres y la porcelana 

Visitamos la casa museo de Sitki Olcar, un artista de renombre, cuyas galerías exponen su obra en muchas ciudades del mundo, Madrid entre ellas. De origen humilde, le dedicó su vida a internacionalizar el gres y la porcelana, inagotable hasta el punto de que visitó setenta y dos países para mostrar sus trabajos. Yo, como invitado, tuve el honor de sentarme en el sillón que él ocupó en un despacho humilde también. 

Una segunda casa museo incluida en la agenda es la del héroe húngaro Lajos Kossuth, que se refugio en Turquía huyendo de las consecuencias de una revolución decimonónica. El recinto contiene objetos que te refrescan un poco la imaginación. Los alumnos se entretienen con un artefacto capaz de reproducir la música de entonces.  

Seguidamente visitamos un mercado gastronómico y artesanal. Disfrutamos de algo superior al kebab, el kokorec, hecho de tripas de cordero, algo especiadas. Lo sirven en un bocadillo delicioso. Solo se aliña con un poco de sal. Al acercarte quizás pienses que es pollo lo que se abrasa en el doner, pero, ¡qué va!, no es!


La jornada acaba con la subida al castillo de Kutahya, aunque, cansados ya, los alumnos y los profes, nos decantamos por subir al Doner Gazino Restoran, un edificio rotatorio que te permite divisar Kutahya al completo desde muy arriba. 360 grados mientras los alumnos degustan postres. Algunos se quejan de los precios: 100 liras turcas, que no llegan a tres euros. Mehmet me revela los secretos del café turco. Imprescindible hacerse con un cezve. A la vuelta cantan canciones tradicionales y alguna de la inevitable Shakira. Mehmet también canta. Me alegra oírlos mientras remato estás líneas con mi móvil. Por la noche aún me espera el baño turco..., al que acudiré de nuevo como invitado. Jamás había conocido una gente tan hospitalaria. 

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