Un sistema parecido y, a la vez, muy diferente




La primera jornada del Erasmus-Profe en Turquía resultó agotadora, por la cantidad de información recibida y por el esfuerzo de pensar y expresarme en inglés. Pero fue, también, una jornada muy satisfactoria por la cálida acogida que me dispensaron tanto los responsables de los dos centros que visité como los profesores y alumnos. ¡Incluso celebraron un torneo de ajedrez en mi honor! Mehmet Minaz, el English teacher que vino a Cádiz, ejerce como mi anfitrión aquí; me acompañó durante toda la jornada y me ayudó con las traducciones. Fue la llave que me abría todas las puertas en el bien organizado centro que dirige Omer Uysal. 

Clases de 40 minutos y descansos de 20 o 10 minutos tras cada una de ellas




Son las ocho y media de la mañana. En la puerta del instituto forman, con varias filas, los  alumnos. Todos ellos junto con el jefe de estudios y varios profesores cantan el himno nacional. 
Después se dirigen ordenadamente hacia sus clases, todos menos dos chicas, que hoy no tendrán que asistir a ninguna, pues se van a pasar toda la jornada sentadas en sendos escritorios, una en el recibidor y la otra en la primera planta, para cooperar en tareas administrativas con los miembros del equipo directivo. 

Las ocho clases diarias duran solo cuarenta minutos cada una; entre clase y clase siempre media un descanso, el primero de veinte minutos, los demás de diez. Me parece una sabia medida, pues, esto hace que la jornada resulte más llevadera para todos. Digo la jornada y no la mañana porque la primera tanda de clases acaba a las 12.40 y la segunda no empieza hasta las 13.40, es decir, tanto profesores como alumnos tienen una hora para almorzar. La gran mayoría opta por irse a sus casas, pero otros, ocasionalmente, lo hacen en un comedor del que dispone el centro en sus aledaños. Sí comen allí de lunes a viernes, o incluso los fines de semana, los alumnos de la provincia que residen, de forma gratuita, en la residencia anexa. 




Solo los que quieren estudiar

En el Gazi Emet Anatolian Lisesi estudian cuatro años, desde los catorce hasta los 19. Aquí están únicamente los que tienen asumido que realizarán estudios superiores. Antes, para ingresar, debían superar unas pruebas, pero, desde hace varios años, tomaron la decisión de suprimirla. Y accede todo el que lo pretende.

Los dos primeros años son parcialmente comunes, después tienen que elegir, como aquí, ciencias o letras. Y el último es exclusivamente preparatorio del ingreso a la universidad. Pero, según los profesores, la EBAU turca no es ninguna bicoca. Solo la superan la mitad de los estudiantes. Los que no lo consiguen no pueden acceder a los estudios universitarios, sino que se matriculan en algo que debe ser equivalente a nuestros ciclos formativos. 
 
Estudian, como segunda y tercera lenguas, inglés y alemán, aunque hay más de un alumno que me demuestra interés por aprender español. Y yo aprovecho para meter baza y les cuento que, según el número de hablantes, el español es la segunda lengua del mundo, superada solamente por el chino, y que en EE UU hay casi...

Orgullosos de lo que son



Los turcos son muy patriotas. En los despachos están siempre presentes los símbolos nacionales: la bandera y la foto del fundador de la República. Pero, aparte de eso, los pasillos suelen estar decorados, de manera más permanente, con motivos que también los enorgullecen como los retratos y breves descripciones de sus antiguos gobernantes, héroes e intelectuales. No faltan tampoco murales de gran calidad sobre asuntos científicos, literarios, históricos... Todo ello, que duda cabe, cohesiona y acrecienta el respeto que los estudiantes puedan sentir por lo que hacen y por la institución donde lo hacen. 

Tablets y robótica para los peques

Junto al Gazi Emet, muro con muro, se encuentra el Ashaboglu, un instituto de la secundaria turca. Aquí están los más peques, desde los diez a los catorce. Lo dirige Mustafá Tanriver, quien se muestra satisfecho de algunos de sus logros más recientes, como la habilitación de un laboratorio de idiomas, que dispone de un buen número de tablets, algo que los alumnos adoran porque les permiten aprender jugando con los kahoots y aplicaciones como ELLC. También destaca el centro por su aula de robótica, en la que se imparten los primeros rudimentos de la computación con el Arduino 1.


Clases de refuerzos uno a uno

La política de refuerzos del Ashaboglu fue otro de los aspectos que me sorprendieron. Para aquellos alumnos que lo precisan, bien por iniciativa de la familia o bien por que así lo decida el profesorado, el centro habilita horarios especiales vespertinos en los que voluntariamente, aunque con remuneración, los profesores ayudan individualmente a los alumnos en aquellas materias que se les atragantan. Pero, insisto, no se establecen grupos, como habitualmente hacemos en España, sino que por cada alumno tiene que haber un profesor. Para los que no necesitan estas ayudas, las clases acaban a las cuatro. Hora de irse a casa. 








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